jueves, 19 de enero de 2017


FUERON PROMESAS...


Lo vivido es ya solo 
un recuerdo, de una 
historia de amor
lejana ya vivida.

Fueron promesas de 
amor eterno que
abrieron las puertas 
a la locura, 
a la pasión, 
al deseo y al amor .

Fue una bonita y 
loca historia, hoy 
solo recuerdos
de un amor lejano y 
hermoso, que 
pudo haber sido
y que no lo fue.

Hoy mi pecho lleno
de nostalgia se ahoga,
y el corazón roto y 
herido de dolor
recordándote llora.

Isidoro Ortega Contreras. 
CARTA A USTED SEÑORA:

Según dicen ya tiene usted otro amante.
Lástima que las prisas nunca sean elegantes.
Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa,
se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa.

Y me parece injusto discutirle el derecho
de compartir sus penas sus goces y su lecho
pero el amor señora cuando llega el olvido
también tiene el derecho de un final distinguido.

Perdón... si es que la hiere mi reproche... Perdón
aunque sé que la herida no es en el corazón.
Y para perdonarme... Piensa si hay despecho
que en lo que yo digo, que en lo que usted ha hecho.

pues sepa que una dama con la espalda desnuda
sin luto en una fiesta, puede ser viuda.
Pero no como tantas de un difunto señor
sino para ella sola, viuda de un gran amor.

Y nuestro amor recuerdo, fue un amor diferente
al menos al principio, ya no, naturalmente.

Usted  sera un crepúsculo a la orilla del mar,
que según quien lo mire será hermoso o vulgar.
Usted será la flor según quien la corta, 
es algo que no muere o algo que no importa.

O acaso cierta noche de amor o de locura
yo vivía un ensueño y... y usted una aventura.
Si... usted juro cien veces ser para siempre mía
yo besaba sus labios pero no lo creía.

Usted sabe y perdóneme que en ese juramento
influye demasiado la dirección del viento.
Por eso no me extraña que ya tenga otro amante
o quizás le jure lo mismo en este instante.

Y como usted señora ya aprendió a ser infiel
a mi así de repente me da pena por el.

Si es cierto... alguna noche su puerta estuvo abierta
y yo en otra ventana me olvidé de su puerta.
O una tarde de lluvia se ilumino mi vida
mirándome en los ojos de una desconocida.

Y también es posible que mi amor indolente
desdeñara su vaso bebiendo en la corriente.
Sin embargo señora... Yo con sed o sin sed
nunca pensaba en otra... si la besaba a usted.

Perdóneme de nuevo si le digo estas cosas
pero ni los rosales dan solamente rosa.
Y no yo digo estas cosas ni por usted ni por mi
si no por... por los amores que terminan así.

Pero vea señora... que diferencia había
entre usted que lloraba... y yo que sonreía.
Pues nuestro amor concluye con finales diversos
usted besando a otro... Yo escribiendo versos.

José Ángel Buesa.